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domingo, 26 de noviembre de 2017

Ropa para gordas II

Una, que es gorda de nacimiento, ha tenido la oportunidad de vivir la evolución del mercado de la moda desde hace muchos años.

Las cosas han cambiado mucho desde que tenía que conformarme con lo que me cabía a ahora, que puedo elegir más o menos fácilmente entre muchas cosas con las que me encuentro a gusto. Como todo el mundo, vaya: hay cosas que me apañan y cosas que no, no me quejo.

Bueno, sí, me quejo, pero no en el sentido de "tengo el derecho universal de encontrar de todo lo que a mí me gusta, de mi talla, y en el color que lo quiero". Me quejo de otra cosa. De una cosa que no entiendo, pero no por gorda, sino por curiosa.

¿Por qué hay empresas de producción masiva de ropa que tienen una línea diferente para gordas? Como H&M, Violeta, C&A, Adolfo Domínguez...

Quicir... entiendo que haya marcas específicas para gordas, igual que las hay para raperos, góticos, surferos o cosas así, si una empresa detecta un nicho de mercado y puede explotarlo, cojonudo. Y, claramente, la ropa a la moda para gordas es un nicho de mercado en expansión, si tenemos en cuenta cuánto ha crecido la oferta y, sobre todo, los índices de obesidad. Que cada vez hay más gordas muy gordas no es un secreto.

Pero, ¿por qué las empresas que hacen ropa de muchos estilos, así, en plan, globalización de la moda, de repente crean una línea diferente para gordas? ¿Por qué, simplemente, no amplían la misma línea hasta una 50 o 52 o, incluso, llámame loca, una 60?

Me pregunto con mucha curiosidad por qué se empeñan en señalarnos. Y he intentado analizarlo desde todos los puntos de vista que se me ocurren.

Las cuestiones técnicas son las más fáciles: programas las máquinas cortadoras y las cosedoras, y punto. Igual que se pasa de la XS a la XL, se puede pasar a la 52. ¿Que las prendas más grandes necesitan mucho más tejido ? Pues si supone un coste mucho más elevado lo imputas proporcionalmente a la prenda, pero igual que lo harías de una XS a una XL. En cualquier caso, estoy casi segura de que pagar 5 euros más por un pantalón de la 52 de la misma línea se vería menos mal que pagar 20 euros por un pantalón de una línea diferente.

En cuanto a almacenaje y distribución, están en los mismos almacenes y se reparten a los mismos sitios. No me jodas, ese no es el problema.

El proceso es exactamente el mismo para una prenda de la XS que para una prenda de la talla 52. Entonces, ¿por qué?

¿Por qué las marcas se toman la molestia de crear nuevas líneas de ropa? Y, espera, mucho mejor, ¿por qué las marcas se toman la molestia de crear nuevas líneas de ropa que no tienen nada que ver con la línea normal? ¿Por qué quieren que nos sintamos diferentes? ¿Por qué se empeñan en lanzar campañas para que todas nos sintamos bien con su ropa, pero a las gordas nos señalan con el dedo de gorda? ¿Por qué "sí, cari, tú también tienes que sentirte bien con mi ropa, pero con esta diferente, que es más horrorosa pero, eh, aún tendrías que dar las gracias de que nos hayamos acordado de ti"?

Y en esto estaba pensando ayer, mientras salía de la tienda con un vestido de una línea normal, mientras los vestidos para gordas me habían parecido de un horror empalable.

viernes, 8 de enero de 2016

El respeto

Leo a menudo en las redes sociales las variantes del concepto "a mí me da igual la ideología política de cada uno, oye, cada cual que piense lo que quiera, lo importante en una amistad es el respeto". Y me sorprende. Me sorprende y hace que me sienta un bicho raro, porque a mí muchas veces no me da igual. 

Y es que siempre me pregunto si cuando algunas personas dicen que lo importante en una amistad es el respeto se refieren sólo a el respeto entre ellas y la familia de cada uno y eso es suficiente para ser amigos.

Porque cuando alguien me habla a mí con respeto, pero se dedica a poner a parir a cualquier otro con quien discrepa a grito pelao, insulta, ridiculiza, miente, malinterpreta y se caganlosmuertos de tó quisque, es un maleducao, grosero, misógino, y tó lo chungo que se puede ser... pues aunque a mí personalmente me trate siempre con muchísimo respeto, seguramente no vamos a poder ser amigos.

Porque es posible que cuando llama hijas de puta, brujas y zorras a unas señoras con las que no está de acuerdo, pero que a mí me parecen la mar de razonables, igual me siento un poquito insultada, que esos hijas de puta, brujas y zorras son por su ideología política, que va y coincide con la mía. 

¿Soy entonces yo una hija de puta, bruja y zorra? Noooooo, mujer, tu noooooo.

Y no entiendo por qué no tengo que sentirme indignada y por qué eso no es razón suficiente para no querer relacionarme con esa persona. ¿Ellas son hija de puta, bruja y zorra sólo porque no las conoce? O sea, ¿debe depender el respeto a las ideologías de cuántas cervezas has compartido?

Me estoy repitiendo mucho porque tengo la sensación de que me estoy explicando fatal pero es que no quiero faltar al respeto a nadie. 

jueves, 3 de diciembre de 2015

El correo

Podemos decir que tengo una paciencia infinita y una resistencia al dolor extraorbital. Y que una va a aprendiendo a dar a las cosas la importancia que tienen, en función del impacto directo en la vida de una.

Y como no impacta nada, la paciencia y el dolor me han ayudado a aguantar con la duda de qué había pasado con un correo que era vital, nunca respondido. Y nunca mencionado. Nunca nada.

Un año y medio, amiguis. Un año y medio sin saber qué había pasado con aquel correo. Que hasta se me había olvidado.

Al principio tenía todo el día una cosa así, en el estómago... ni mariposas ni hostias, eran elefantes bailando sobre mi tumba.

Y luego se me fue olvidando...

Olvidando...

De vez en cuando recordaba que lo había enviado, y le observaba con atención cuando me hablaba, como si le estuviera escuchando. Pero no, ni caso, sólo intentaba leerle por dentro, intentar descubrir si estaba ignorando aquel correo, si no lo mencionaba porque quería dejarlo todo tal como está, mal, pero mejor que nada. 

Y se me iba olvidando...

Hasta que hace unos días descubrí que la razón era mucho más sencilla: no utiliza esa cuenta de correo. Hace mucho tiempo. No le interesa nada de lo que cree que contiene.

Así que he vuelto a recordar.

Y vuelvo a preguntarme qué pasará después. 

Podría preguntar, claro, pero me dan miedo todas las posibles respuestas. Y no me queda valor para afrontarlas, lo perdí todo en aquel correo.

He puesto de nuevo a cero el contador de una bomba de relojería que nunca termina de funcionar.


domingo, 23 de agosto de 2015

La respuesta perfecta

Hoy es domingo. Domingo de agosto. Aún estoy de vacaciones. Y aún no son ni las once de la mañana.

Hace un rato he recibido un whatsapp preguntándome si no he visto el correo. 

No, hace como dos semanas o así que no abro el correo. Voy.

¿Qué me encuentro?

Te mando el enlace de mi nueva página web, dime qué te parece. Bss.

Otra vez.

Yo no me dedico a nada que tenga que ver con Internet ni nada de eso pero, no sé por qué, a todo el mundo le da por pedirme opinión sobre sus cosas de la Red:
- Porfa, echa un vistazo a mi LinkedIn, y me dices qué te parece.
- Te mando mi nueva página web, y me dices qué te parece.
- Anda, da me gusta a mi página de Facebook y me dices qué te parece.

¿Que qué me parece? ¿Qué me parece, el qué? ¿La foto de perfil, la redacción del texto, los temas elegidos, la difusión...? ¿Qué coño me parece, EL QUÉ?

No, en serio, todos los días (sí, todos los días) tengo por lo menos una consulta de este tipo, de personas con las que, a menudo, ni siquiera tengo una relación más o menos habitual, sino sólo a través de Facebook. Aunque esto no es lo que más me da por culo molesta. Lo peor es que cuando me preguntan mi opinión y la doy, casi siempre la respuesta empieza, invariablemente, por un No, pero es que (lo que sea)

Pero, vamos a ver, hijodelagranputa, si me pides mi opinión, me escuchas y me dejas terminar. Luego haces lo que te dé la gana pero no me hagas discutir. No me has pedido que te intente convencer, que me deje la energía y las ganas de vivir en tu mierda de proyecto, me has pedido mi opinión.

Durante mucho tiempo creo que he respondido a todas estas solicitudes porque no sabía cómo decir que no, que necesitaban el asesoramiento de un profesional, que yo no quería asumir la responsabilidad de aconsejar a nadie. Decir algo así a un colega me parecía feo. Y luego está lo de compartir conocimientos, que mola mogollón, claro. Y lo de ser buena persona y echar una mano a un colega.

Así que hasta hace unos meses perdía horas de sueño revisando proyectos y escribiendo correos interminables con sugerencias y consejos. Personalizados y justificados. Horas y horas de consultoría gratuita, horas de mi tiempo, que igual hubiera preferido dedicar a tocarme las narices, por ejemplo, pero es que era mi tiempo. Pero, no, lo dedicaba a proyectos de amigos porque pensaba que era de buena persona. Y yo quería ser buena persona. 

Ahora ya me da igual si no soy buena persona. Estoy hasta el mismísimo toto. Se acabó.

Y todo porque he encontrado la respuesta perfecta para responder:

En la foto sales gorda.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Lectores invitados

Este blog solo admite a lectores invitados.


¿Cómo sé si quiero ser invitada a un blog si no estoy invitada?

¿Qué criterios sigue un bloguero para invitar a su blog?

¿Qué cosas tan terribles, o tan íntimas, o tan vergonzantes, o tan sosas, o tan indecentes, contará un blog que sólo admite a lectores invitados?

¿Por qué habrá tenido que pasar el autor para que decida romper la sagrada regla de la blogosfera de compartir? 

¿Valoramos más un blog si tienen que invitarnos para leerlo?

Si alguien no quiere que le lean, ¿por qué escribe un blog?

Si alguien no quiere que le lean determinadas personas, ¿por qué no cambia de url, la comunica a quienes sí quiere que le lean y se acaba la cosa? 

¿Por qué tengo tantas preguntas sobre lo de los lectores invitados si, al final, no voy a solicitar que me inviten porque no me interesa alguien que no quiere que sepa lo que tiene que decir?

¿Me hice estas preguntas cuando privaticé temporalmente el blog?

¿A qué huelen las nubes?



martes, 10 de septiembre de 2013

Los límites de la amistad

¿Hasta dónde hay que llegar por un amigo? ¿Dónde está la línea que separa el "estoy para lo que necesites" y el "eh, hasta aquí, te estás pasando"? ¿Cuántos "noes" hay que dejar pasar hasta llegar al definitivo e irreversible? ¿Es necesario llegar a un "no" irreversible o con un "esta vez, no" es suficiente? ¿Cómo se dice "no" a alguien que espera que le digas "sí"? ¿Soy gelipollas del todo o la puntita na más?

Me hago estas y otras preguntas así estos días. Y no tengo las respuestas.

Porque estoy en una situación de la que no sé cómo salir. Me he convertido sin querer en un soporte. Yo pensaba que era temporal, hasta que la cosa se arreglara un poco, sólo puedo confiar en ti, que siempre has estado ahí incondicionalmente, y ahora me siento como si tuviera que estar ahí para siempre. 

Y no me veo con fuerzas. Ni con ganas. Ni con ánimos. Y, oyes, qué coño, no quiero. No quiero esa responsabilidad. Porque para mí es una responsabilidad, no me sale sólo, me lo tomo en serio.

Pero no sé cómo decirlo. No sé cómo decir no sé si puedo estar ahí, donde sea que esté ese ahí, siempre que quieras y cuando quieras. No quiero que pienses que puedo estar disponible para confortarte en cualquier momento porque no sé si voy a poder responderte, y no me gustaría decepcionarte. Y además estoy hasta los huevos.

Intento imaginarme en cómo me sentiría yo si alguien me dijera algo así, o menos agresivo pero con ese mismo significado. Y digo "imaginarme" porque nadie me ha dicho nunca nada así, pero no sé si es porque yo nunca me he recostado tanto en alguien como para jartarle hasta no poder más o porque el resto del mundo tampoco dice cosas así y se lo han callao. No sé.

La cuestión es que ando preguntándome últimamente dónde están los límites de la amistad. Y, a pesar de que es realmente serio, me lo planteo de una forma tan móñer y me siento tan gelipollas que me da la risa de vez en cuando.

Ya ves.


domingo, 21 de julio de 2013

Lo de la reproducción asistida

Hace unos días, la noticia de una nueva aberración del gobierno encendió las redes sociales, una vez más. Es lo que tiene este gobierno, que enciende. Porque, una y otra vez, se salta a la torera un derecho fundamental recogido en la Constitución Española:
Título I. De los derechos y deberes fundamentales 
Capítulo segundo. Derechos y libertades 
Artículo 14 Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Pues eso, este gobierno nos tiene acostumbrados a pasarse por el forro el derecho fundamental de los españoles de ser tratados como iguales ante la ley, así que no debería sorprendernos que discrimine a ciudadanos y ciudadanas que no le molan.

Hasta aquí, lo tengo claro: me horroriza este nuevo ataque a la ciudadanía.

Sin embargo, me dio qué pensar. ¿Por qué debe el Estado asumir como propio el deseo individual de las personas a ser padres/madres, sean parejas heterosexuales, homosexuales, sean personas solteras, casadas como dios manda o lo que sea?* ¿Hasta qué punto debe el Estado, a través de las instituciones sanitarias, correr con el coste de las personas que desean tener un hijo y no pueden hacerlo naturalmente? 

Como seres vivos, la reproducción es una capacidad, el truco biológico para garantizar la pervivencia de las especie. Pero no es un derecho. En el caso de los humanos, es un deseo, el deseo de procrear. A este deseo es al que responde la legislación que incluye la cobertura pública de la reproducción asistida.

En algunos casos, supongo, será más necesidad vital que deseo. No sé si desde el punto de vista médico habrá casos en los que procrear sea cuestión de vida o muerte, o que palíe una enfermedad. No lo sé, ya digo, y supongo que en estos casos la cobertura pública de la reproducción asistida estaría justificada pero ¿lo está en todos los casos? ¿Todas las personas que deseen tener hijos y no pueden naturalmente deben ver satisfecho este deseo? No lo tengo claro.

Porque me da qué pensar aún más: ¿por qué el Estado no asume también la cobertura sanitaria de otros deseos? ¿Por qué no asume la corrección quirúrgica de mi miopía? A estas alturas, soy tan topo que soy discapacitada sin gafas. ¿Por qué no cubre las caries, los aparatos dentales? 

La cuestión es que los recursos son limitados y por eso el Estado no puede garantizar los deseos de los individuos, ya tiene bastante con intentar cubrir las necesidades. 

Supongo que a muchos se les ocurrirán un montón de fisuras a este argumento. Es posible: no soy abogada, ni filósofa, ni médica, ni gestora pública. No tengo la solución a estos problemas. Si la tuviera estaría desarrollándola como una loca, a ver si salíamos de una vez de este pozo sin fondo porque, aunque no tenga la respuesta, sí tengo claro que este gobierno no sólo no es la solución, es parte del problema.



 * Mira que me da un por culo infinito lo del género.

domingo, 23 de junio de 2013

Las putas de Montera

Domingo. Doce del mediodía.

Entre las muchas personas que pasean por el centro de Madrid llaman la atención las putas de la calle Montera. Mujeres jóvenes, de menos de treinta años en su mayoría, al menos las que están a la vista.

Es fácil distinguirlas: contonean el culo subidas a tacones altísimos, llevan faldas muy cortas y grandes escotes, deambulan lánguidamente y no dejan indiferentes a nadie, por su exuberancia y desparpajo, supongo.

Comentamos cómo en un espacio muy reducido de menos de 500 m2 se puede hacer un mapa de la miseria: en esa esquina, tres subsaharianas. Un poco más allá, sonrientes y algo chillonas, tres o cuatro sudamericanas. Pegadas a la pared, cuatro esculturales mujeres jóvenes de la antigua Europa del Este. ¿Rumanas? ¿Una rusa, quizás? No sabría decirlo, no soy capaz de distinguir el idioma.

Como siempre que las veo, me pregunto cómo debe ser su vida, si es tan difícil como a mí me lo parece, llegando a acuerdos de sexo por dinero durante una hora en medio de la calle, con hombres mayores y ajados con los que probablemente nunca tendrían un acercamiento si no hubiera dinero de por medio. Me pregunto cómo han llegado a esta situación, que a mí me parece tan dura; si han tenido o tienen elección, si es una elección reversible, si querrían que fuera reversible pero no se sienten capaces. Me pregunto si quieren seguir en esa situación, si necesitan ayuda, si quieren ayuda.

Pienso en el riesgo que corren, en lo fácil que es decir que es dinero fácil y en lo difícil que debe ser, en realidad.

Pienso en lo de "trabajadoras del sexo", un eufemismo que, como todos, trata de quitar hierro a un día a día que debe parecer eterno; en los discursos de los listos que hablan de las prostitución regulada, de la prostitución prohibida, de lo ideal que sería que las putas que quieran ejercer lo hagan en un sitio adecuado para estar seguras, pagando su Seguridad Social y sus impuestos, y sin que nadie las vea, para no molestar.

Pienso en todas esas milongas mientras las veo reír a carcajada limpia por vete a saber qué cotilleo. A mí también se me escapa una sonrisa cuando una negra despampanante que no debe tener más de veinte años recoge el camión de mi sobrino que ha ido a chocar contra sus tacones y juega con él en la acera.

- Te vas a caer, llevas los zapatos desabrochados, le dice el niño, y son muy altos.
- Si me caigo, ¿me ayudarás a levantarme?, responde la negra, juguetona.
- Claro, está mal no ayudar a alguien que se cae, dice el niño. Siempre hay que ayudar.

La negra me mira, sonríe, pellizca cariñosamente la mejilla del niño y contonea su culo hacia un potencial cliente, hace un trato y desaparece en un portal.

Y ya no puedo pensar más, porque no se me ocurre qué hay que hacer, si lo hay, para ayudar a las mujeres que necesiten ser ayudadas. Ni siquiera sé si quieren ser ayudadas.

Y se me congela la sonrisa.

martes, 18 de junio de 2013

Tengo muchas preguntas

Tengo muchas preguntas*:

- A ver, ¿QUÉ C*Ñ* PASA? ¿Ya no tenéis nada que decir?
- ¿Es cansancio? ¿Desidia? ¿Aburrimiento? ¿Pereza? ¿Lujuria? ¿HABÉIS DEJADO LA BLOGOSFERA PARA PECAR?
- ¿Es verdad que os habéis hecho mayores y las obligaciones os quitan tiempo para escribir?
- ¿Es verdad que preferís Tuiter o el caralibro porque exigen menos esfuerzo?
- ¿Es verdad que vais a dar la razón a los singermornings que dicen que las redes sociales han acabado con los blogses?
- ¿Llegaremos a ver el fin de los blogses?
- ¿Me vais a contar la milonga de que desde el móvil o la tablet es una putada incómodo escribir?
- No me digáis que es porque estáis jodidos, o no tenéis inspiración, ya os ha pasado antes y NO LO HABÉIS DEJADO. ¿Qué es diferente ahora?
- ¿No os da vergüenza? ¿NO OS DA VERGÜENZA?
- ¿Por qué no escribís?
- ¿Por qué se está muriendo la blogocosa?
- ¿Puedo hacer algo para que cambie algo?
- ¿Qué pasa? ¿QUÉ ESTÁIS HACIENDO?
- ¿Qué pasará después? ¿Tuiter? ¿Pinterest? ¿PINTEREST? ¿EN SERIO?



¿POR QUÉ ME ESTÁIS HACIENDO ESTO?

* Por favor, que se den por aludidos sólo los que ya no postean, QUE SON MUCHOS.

viernes, 14 de junio de 2013

Polifalítica

Buscando un enlace que sabía, sabía, que había leído a través de Tuiter, o de Facebook, o que me había enviado por correo o que tenía por ahí guardado en no sé dónde... en fin, que buscando un enlace en la maraña de mierda que tengo en redes sociales y ordenadores varios, me he releído. Joder*.

No lo hago a menudo. Escribo lo que me viene a la cabeza y se queda ahí, flotando en la cosa virtual, y a veces me llegan notificaciones de esas del caralibro o alguien me responde en Tuiter y no sé a qué se refieren si no vuelvo a la entrada original.

Precisamente por eso, porque no me releo a menudo, cuando lo hago conscientemente me sigue sorprendiendo lo gelipollas que puedo llegar a ser a veces. Y también que puedo ser muy borde y maleducada. Y bastante ingeniosa. Y terriblemente seca. Y dulce. Y malditamente h*j*d*l*gr*d*s*m*p*t*. Y adorable. Y muy mala. Y muy buena. Y muy buena.

Y ha sido curioso porque me reconozco absolutamente en todas esas versiones e incluso me sorprende que no aparezcan las otras dos docenas de Gordis que hay por ahí dentro. Entonces me pregunto cuál de todas es la mejor, cuál debería esconder, cuál debería mostrar más, cómo callar a las que me caen mal. Pero me lo pregunto un ratito sólo, porque luego sigo escribiendo y se me olvida que se quedará ahí, en la cosa virtual, hasta que lo relea otra vez cualquier día y me pregunte cosas de nuevo.



* Hola, anónimo. Lo siento. Bueno, no.

martes, 5 de febrero de 2013

Querida Elena, dos puntos

Querida Elena:

Ante todo, quiero felicitarte por tu programa.

Te escribo para comentarte un problema que tengo y espero que tus oyentes me ayuden a tomar una decisión. En realidad no es un problema que tengo yo, es un problema que creo que tiene un amigo, aunque él no sabe que lo tiene.

Ay, que me lío.

Resulta que tengo un amigo que siempre ha tenido buenos trabajos. Como tantos otros, con esto de la crisis y las comparecencias por televisión se ha quedado en el paro. Como es un tío inquieto y es consciente de que en los tiempos que corren hay que ir a buscar las oportunidades y que casi todas están en la interné, lo primero que ha hecho para encontrar trabajo es abrir un blog, una cuenta en Linkedin, otra en Tuiter y otra en Facebook. Y lo hace todo mal en todas, el pobre.

Este no es el problema. El que él no sabe que tiene. 

La cuestión es que no sólo me he dado cuenta yo, es que hay varias personas que me han dicho que lo hace mal. Que se está vendiendo como experto en comunicación on line y se nota que no tiene ni idea. Esas personas podrían ser un buen contacto para él pero como está metiendo el remo hasta el corvejón, pues no lo van a ser. Un drama.

Y ahora es donde viene mi problema. Voy rápida para no ser pesada.

Resulta que siempre que me ha pedido opinión y se la he dado no ha estado de acuerdo y hemos acabado discutiendo. Así que yo me mosqueé la última vez y le indiqué cariñosamente el agujero oscuro y profundo por dónde podía meterse sus consultas ya que nunca me hacía ni caso, que allá él mismo con su mecanismo y que se la picara un pollo o similar.

Y ahora me veo en la difícil tesitura de quedarme en silencio, dejando que siga cagándola diariamente, perdiendo oportunidades laborales. Contenida y doliente. Callá, tol rato. O tragarme el orgullo y, aún a riesgo de que me mande a escaparrar, decirle qué hace mal y cómo debería proceder para que, al menos, no cantara tanto la metida de pata.

Me encuentro en un sinvivir. ¿Qué hago, querida Elena? ¿Mantengo la decisión de no decirle nada y veo cómo se hunde o se lo digo, arriesgándome a quedar como una bocachanclas y una metomentodo?

Quedo a la espera de las respuestas de tus oyentes.

Siempre tuya,

Amiga verdadera

martes, 22 de mayo de 2012

Preguntas (II)

Porno ¿sí o no?

¿Amateur o profesional?

¿Homo o hetero?

¿Moñas o salvaje?

A ver, mójense ¿ven (ustedes, coñe) porno?


(Video de carácter orientativo y no vinculante. Ejem)

lunes, 21 de mayo de 2012

Preguntas (I)

Se conoce que una para saber, que no ocupa lugar, tiene que preguntar. Bien.

¿Cuál es su (de ustedes, coñe) canción favorita para frinkar?



Solomon Burke, Cry to me

(Video de carácter orientativo y no vinculante. Ejem)